Conceptos clave para la elección de la infraestructura TI en la digitalización
La continuidad, el ahorro o la posibilidad de escalar se configuran como elementos de peso para decidir cómo adaptar la oferta existente a la empresa.

Es 2018 y llevamos ya unos años inmersos en el proceso de transformación digital, pero queda mucho camino por recorrer. Las organizaciones son ya conscientes de la importancia de adaptarse tecnológicamente a este nuevo escenario, sí, pero cada una tiene sus propias circunstancias y no todas están en la misma fase de integración. Así lo revelan los datos de un reciente informe de IDG: el 89% de las compañías encuestadas contaban ya con un plan para adoptar una estrategia de negocio orientada a lo digital, pero solo el 44% decían haber asimilado por completo este enfoque.
Porque por mucho que parezca que no hay vuelta atrás, no todas las empresas están en la misma fase. Al abordar este tema, hay elementos que echan para atrás o ralentizan, cuestiones como presupuestos, capacidades y habilidades de las plantillas, tecnología heredada, etc. Hay compañías que prefieren esperar a ver cómo se consolida una determinada tendencia o herramienta antes que apostar por ella; otras hacen de su vocación puntera su núcleo de negocio. Aunque la transformación digital pueda llegar a suponer beneficios para todas, si se sabe aprovechar, es cuando menos un pequeño trastorno a la hora de decidirse. Necesario, pero trastorno al fin y al cabo. Todos estos factores suman para que muchas lo retrasen hasta lo inevitable: un 45% de los responsables de negocio y TI entrevistados para el informe de IDG situaban a sus organizaciones en fases muy iniciales de digitalización.
Desde el punto de vista de lo que la digitalización significa para la infraestructura TI, y de cómo los responsables del proceso deben adaptar la oferta a sus necesidades, hay una serie de conceptos que conviene tener en cuenta. Ideas presentes en los negocios que, gracias a la influencia tecnológica, pueden verse mejoradas enormemente. Es el caso de la continuidad de servicio.
Muchos empresarios, tanto los que se basan en un modelo digital como los que no, saben los problemas que pueden derivar de una interrupción del servicio, aún en las planeadas y más si son imprevistas. Al elegir la infraestructura tecnológica en la que se va a basar la respuesta al usuario es bueno tener en cuenta qué cobertura ante estas situaciones se ofrece. Al mismo tiempo, por supuesto, que se tiene en cuenta el desempeño y la capacidad de ejecución. No todas las organizaciones necesitan la misma capacidad: las hay que manejan cargas críticas, tanto en momentos concretos como de forma continuada, y necesitan un compromiso de alto rendimiento, pero otras pueden subsistir con menos y así ahorrarse costes. Eso sí: en cualquiera de los dos casos, es necesaria esa fiabilidad de la infraestructura, que garantice que el negocio no pare.
Una de las grandes ventajas de las nuevas oleadas en digitalización es su mayor simplicidad, gracias a tendencias como la hiperconvergencia, que permiten renunciar o minimizar la dependencia de infraestructuras antaño habituales, como el almacenamiento en silos. Además, muchas de las soluciones se adaptan para, pese a que el proceso de transformación sea laborioso, el mantenimiento se facilite, mediante, por ejemplo, accesos unificados a distintas aplicaciones. Todo esto permite evitar procesos y trabajos redundantes, que no solo suponían un gasto extra de tiempo sino, en muchos casos, también de dinero.
Y es que a la larga, la digitalización suele traducirse en un ahorro de costes para los negocios con tecnologías obsoletas, que han buscado optimizar sus sistemas y que se encuentran con que son más eficientes y, en la mayoría de los casos, ocupan menos espacio. Esto debe producirse, sin embargo, sin limitar el crecimiento del negocio: a la hora de considerar si optar por determinada tecnología, hay que tener en cuenta que permita escalar. Pero también que deje evolucionar hacia otras herramientas. Inteligencia artificial, machine learning, IoT, quizás todo suene demasiado lejano en un primer momento, pero conviene dejar las posibilidades abiertas.
La palabra clave que resume todo lo que hay que tener en mente al transformar el negocio hacia un modelo digital es la flexibilidad. Flexibilidad en los plazos, en los costes, en lo que se permite o no hacer y en cómo va a adaptarse la plantilla a él.